Prevención no es igual a Emoción

Publicado el 11 de julio de 2017

¡Este anillo es un recuerdo de mi abuelita! Le dijo Saraí a su esposo cuando este le recomendó no usar prendas llamativas. Tiene un alto valor sentimental para mí. Lo voy a usar hoy porque es el día de su cumpleaños. Agarró su cartera, salió al estacionamiento, se montó en su vehículo y se fue a trabajar.

En el trayecto, recordó maravillosos momentos junto a su abuelita. Estaba muy pendiente de lo que acontecía a su alrededor, que no se le acercaran motorizados. En los semáforos, que no se le acercaran personas sospechosas. Se le aguaron los ojos. Buscó una toalla refrescante para secarse las lágrimas antes de que se le corriera el maquillaje. Se levantó ligeramente del asiento apoyándose sobre el volante, movió el espejo retrovisor central hasta poder verse bien y asegurarse de quedar impecable. Ya estaba llegando a la torre de oficinas donde trabajaba. Desde la avenida principal, redujo casi completamente la velocidad mientras cruzaba a la derecha para entrar al estacionamiento.

Extendió su mano derecha para botar la toalla refrescante usada, en la bolsita que siempre lleva colgada en el encendedor eléctrico. Cuando se reincorporó, estaba un sujeto parado al lado de su ventana, con una mano le hacía señas para que bajara el vidrio y con la otra le mostraba la cacha de una pistola ¡Dame el anillo o te quiebro!

Los procesos emocionales condicionan nuestra percepción de la realidad, interfiriendo también en nuestra seguridad. Ante los retos de seguridad actuales, debemos extremar nuestros hábitos preventivos para reducir al máximo las oportunidades de ser víctimas.

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